Consideraciones Estratégicas para la reducción de daños ante riesgos de inundaciones y desastres naturales en zonas vulnerables

Por: M.Sc. Ing. & Abg. Juan Pablo Hernández Flores

Debido a su ubicación geográfica, América Central es una de las regiones del mundo más afectada por eventos meteorológicos extremos que conllevan a desastres naturales que afectan de forma negativa varios sectores clave de la economía, así como la infraestructura. Según un estudio sobre vulnerabilidad de infraestructura presentado por la OEA, señala que:

“La bipolaridad climática, de diferentes temporadas lluviosas y secas bajo la influencia de los dos océanos, el efecto intermitente del fenómeno de El Niño y el movimiento constante de la línea de convergencia intertropical, combinada con una morfología de pendientes altas, numerosas cuencas hidrográficas y extensas planicies, ofrecen condiciones en las que las inundaciones, deslizamientos y sequías son fenómenos regulares. Adicionalmente, la ubicación de la mayoría de los países dentro de la cuenca del caribe los sujeta a la amenaza permanente del impacto directo e indirecto de huracanes y depresiones tropicales que año tras año se generan en el Caribe o Atlántico durante la temporada de junio a noviembre”.

Ante esta evidencia, queda claro que los fenómenos naturales cíclicos periódicos, recurrentes entre los cuales destacan los huracanes y las tormentas tropicales, azotan indiscriminadamente todos los territorios donde tocan tierra, generan irremediables pérdidas humanas, luto, dolor, e incontables daños económicos. Por tal motivo, debemos anticiparnos para enfrentar estas calamidades, desarrollando criterios de prevención adecuados y suficientes para garantizar que los proyectos en que participemos superarán con éxito estos embates, siendo prudente entre otros, recolectar conocimientos de situaciones pasadas similares, buscar opciones y alternativas de métodos de detección y prevención, e invertir recursos, para obras de control y mitigación que logren un objetivo común; detectarlos a tiempo, prevenirlos, mitigarlos, resistirlos, y superarlos con éxito.

Esta disminución de vulnerabilidad no es sencilla. Se logra aumentando la resilencia de nuestras obras e infraestructura, en particular, las destinadas al control y mitigación de inundaciones. Las amenazas de estos fenómenos naturales no se disipan con una sola inversión. Pero para poder ubicarlas, dimensionarlas, diseñarlas y construirlas acorde, debemos entender lo que se pretende lograr con precisión, para así destinar los recursos necesarios y suficientes para asistir estas obras y edificaciones. Según el Índice de Riesgo Climático Mundial , Luego de las tormentas tropicales consecutivas ETA e IOTA a finales del año 2020, quedó evidenciado que dichas obras son esenciales para proteger la red vial, comunicaciones, y otra infraestructura clave, garantizando así la cadena de suministros logísticos y la continuidad operativa de las zonas vulneradas.

Con el agravante presente de los efectos económicos negativos dada la suspensión de la actividad comercial producto derivada por la pandemia, (Virus SARS-CoV2 que genera la enfermedad COVID-19), la actual crisis económica mundial registra pérdidas económicas millonarias, y ante el escenario de una infraestructura mayor dañada, debe ser reparada y rehabilitada de manera urgente, pero con fondo limitados, dichas obras de mitigación y la infraestructura de protección adquieren una prioridad indiscutible.

Pero la inquietud persiste. ¿Podremos enfrentar con confianza y resistir con éxito los próximos embates naturales? ¿Hay alguna manera de anticiparnos a estos riesgos latentes? ¿Podemos consensuar criterios técnicos que nos permitan concretar diseños efectivos para prevenir o reducir estas pérdidas lamentables?

Historias que se Repiten y Lecciones Aprendidas:

En la memoria colectiva hondureña aún resuenan los daños provocados por el Huracán Mitch, ciclón que del 27 de Octubre al 04 de Noviembre del año 1998, dejó una estela de duelo y destrucción a su paso, y que, según un informe elaborado por la Secretaría de Salud de Honduras en su programa de preparativos para desastres OPS/OMS elaborado en Febrero de 1999 titulado “Crónicas de Desastres, Huracán Mitch en Honduras 1998”, señala que, el fenómeno descargó “sorprendentes volúmenes de lluvia” correspondientes a “varios años de precipitación normal,(aprox. 600 mm/m2 por 5 días),” cuyo impacto combinado de inundaciones y deslizamientos de tierra fue más grave en las áreas que normalmente tienen poca precipitación; inutilizó el 60% de la red vial de Honduras (107 carreteras, 424 caminos, y 189 puentes destruidos), afectó el sector salud (23 de 28 hospitales con daños parciales o totales), colapsó el sistema de saneamiento (1,743 acueductos dañados), perturbó el sistema educativo (2,800 aulas educativas dañadas), afectó un 70% la capacidad agrícola de la nación, entre otras, dejando carestías apremiantes como ser:

“Las necesidades principales fueron: Agua y saneamiento (Almacenamiento, distribución, control de calidad y reparación de los sistemas de agua potable y alcantarillado); Alimentos por 6 meses para la población damnificada; Equipos y suministros para control vectorial, especialmente relacionado a la malaria y dengue; Infraestructura (Reparación de carreteras, caminos y puentes); Reconstrucción y reparación de viviendas; Ropa, mantas, colchones y camas; Cocina y utensilios; Agricultura: Semillas, herramientas, reparación de sistemas de riego y logística como Combustible para la distribución de ayuda humanitaria y otros”.

Pero la magnitud y las formas que tomó la destrucción fueron magnificadas en gran medida por factores sociales, demográficos y ecológicos que contribuyeron de manera cómplice a su poder de destrucción. Según un estudio de la Cooperación del Gobierno de Suecia apuntan que el Huracán Mitch reveló e hizo visible la vulnerabilidad de la región centroamericana, debida en gran parte a “las aceleradas desigualdades sociales y la destrucción del medio ambiente que hoy más que nunca, es evidente“. Dicho estudio señala que “la falta de estrategia de gobernación democrática suficiente, la descentralización gubernamental ágil y expedita, y el concepto incomprendido de “desarrollo sostenible”, todos jugaron un papel preponderante en aquella época.

Extrapolando las catástrofes naturales recientes, nos damos cuenta que aún no hemos aprendido las lecciones que la naturaleza misma exige de nosotros. Esto refuerza la hipótesis del Profesor Francés André-Marcel d’Ans en su obra “Honduras después del Mitch. Ecología política de un desastre”, indicando que: “

“El impacto del Mitch fue fruto del modelo de desarrollo de la segunda mitad del siglo XX, que se planificó sin considerar las amenazas naturales y las vulnerabilidades que se estaban construyendo”.

Sin duda, el Huracán Mitch fue un desastre natural de enormes proporciones. Quienes superaron esos angustiosos días cuentan que al ver los desastres recientes (ETA e IOTA), ven sus mentes imágenes difusas que se repiten; Casas endebles construidas precariamente sobre cerros desordenados, deslizamientos de tierra instantáneos que engulleron personas y pueblos enteros, hogares arrasados por corrientes de agua despojando a miles de personas de sus pocas pertenencias. Quiere esto decir entonces que, ¿No aprendimos bien la lección?

Daños durante ETA e IOTA

El huracán Eta se formó el sábado 31 de octubre, y se disipó el 13 de noviembre del 2020. Se caracterizó por un comportamiento errático, presentando numerosas variaciones en su intensidad. Se estima que dejó un total de precipitación entre 380 a 635 mm en casi todo el territorio hondureño. Por su parte, el huracán Iota se formó el viernes 13 de noviembre, disipándose el 18 de noviembre sobre El Salvador. Durante su formación fue catalogado según la escala Saffir-Simpson de categorías 4 y 5 de huracán, pero se debilitó rápidamente al tocar tierra firme. Dejó una precipitación total de 500 a 750 mm en la parte norte del país, siendo los departamentos noroccidentales más afectados Atlántida, Cortés, Santa Bárbara y Yoro.

El efecto de las inundaciones fue mayor en la costa norte del país, concentrándose en el Valle de

Sula, Valle de Lean y Valle del Aguan. A nivel departamental, la mayor afectación se registró en los

Departamentos de Copán, Cortés, Olancho y Yoro. Se estima que los efectos totales causados por la tormenta tropical Eta y el huracán Iota fueron de aproximadamente L. 52,099 millones, desglosados así: Efectos Sectoriales: Social; Educación, Salud, Vivienda, L. 9,375 (17.99%), Productivo; Agropecuario, Turismo, Comercio e Industria,L. 35,509 (68.15%); Infraestructura; Electricidad, Agua y Saneamiento, Transporte, Telecomunicaciones,L. 5,450 (10.46%),  Ambiente L. 1,765 (3.40%).

Criterios Complementarios para las Inversiones Inmediatas y Futuras

Casi todos los expertos en desastres naturales parecen coincidir que existe un alto grado de vulnerabilidad social y ecológica que actualmente caracteriza América Central, en particular Honduras. Parece poco realista prepararse para resistir fenómenos naturales  de magnitud similar al Huracán Mitch, u otros recientes que aún estamos cuantificando. Sin duda, es tentador que al no poseer estadísticas claras y precisas, puede resultar destinar recursos en planes demasiados ambiciosos que queden confinados al papel, o no sea económicamente factible realizarles. En paralelo, es urgente concretar acciones coherentes y realizables que aumenten la preparación y reduzcan la vulnerabilidad en relación a la ocurrencia de los fenómenos naturales violentos cada año más frecuentes. Según otro estudio reciente auspiciado por la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre “Estrategias de mitigación en la planificación del desarrollo”, apunta que:

“En América Latina y el Caribe, la planificación del desarrollo integrado y el manejo de amenazas se consideran “procesos paralelos con muy poca interacción entre sí”.

Sin embargo, es evidente que ambas poseen las mismas metas; protección de vidas humanas, generación de inversión, mejoramiento de la calidad de vida, entre otras.  Esto hace indispensable coordinar las medidas de reducción de vulnerabilidad que formen parte de proyectos específicos, y no sean sólo propuestas individuales de mitigación de amenazas.

Incluir componentes de reducción de vulnerabilidad en proyecto de desarrollo mejora la relación costo-beneficio en la totalidad del proyecto, ya que consideran amenazas naturales en la evaluación. Un buen ejemplo es el estudio sobre reducción de vulnerabilidad en el sector energía de Costa Rica, donde señala que:

“Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos la sociedad costarricense repara, pero no mejora; logra recuperar la situación anterior parcialmente pero no logra fortalecer adecuadamente los sistemas de infraestructura, ni las inversiones públicas y ni privadas para que sean más capaces de responder ante eventos similares en el futuro, lo que muestra que no se aumenta la resiliencia de los sistemas después de que ocurren los daños y el desastre.” 

En consecuencia, podemos deducir con seguridad que, el costo es significativamente menor cuando las medidas de reducción de vulnerabilidad forman parte del proyecto original, y no cuando se las incorpora como una modificación al mismo, a raíz de un análisis sobre el impacto de los eventos. El costo es aún mayor si lo que se efectúa es un proyecto específico de reducción de riesgo independiente del proyecto de desarrollo original, requiriendo que se duplique el personal, la información y los equipos.

Sistemas de Geo Información y Alertas Tempranas

El acceso a los sistemas de información geográfica en tiempo real es fundamental para dar respuesta ante amenazas naturales, y los datos derivados de los mismos pueden satisfacer necesidades específicas de la planificación y desarrollo de las obras de protección.  Según el doctor Francisco Villalpando, Consultor del Banco Mundial, en un estudio con fecha 29 de Junio 2020 relativo a la generación de datos, productos y servicios hidrometeorológicos y climáticos, como insumos para la preparación ante desastres naturales y resilencia urbana, señalando que:

“Tanto la DRGH como CENAOS carecen de presupuesto asignado para la operación y mantenimiento y repuestos para los equipos de medición. Estas es una situación que pone en alto riesgo la operación de los equipos y la obtención de datos y su calidad”.

Por ende, los intercambios de información entre los organismos de planificación y los de preparación para emergencias enriquecen el trabajo del primero, y alertan al segundo sobre aquellos elementos cuya vulnerabilidad no va a ser reducida en las actividades de desarrollo propuestas. Al realizar las actividades en forma conjunta, la generación y uso de datos será más eficiente.

Actualización de Mapas de Riesgo

Es indispensable contar con herramientas modernas que permitan a los tomadores de decisiones implementar soluciones seguras. El Instituto Hondureño de Ciencias de la Tierra de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras generó en el año 2012 un “Atlas Climático de Gestión de Riesgos” como un “Instrumento de consulta a las instituciones públicas y privadas”. El mismo contiene información para la formulación de estrategias y desarrollo de capacidades que permitan optimizar los recursos del país en los sectores productivos destinados para tal fin. Según dicho atlas:

“En los ámbitos de planificación del desarrollo urbano y el ordenamiento territorial, el uso de la tierra es importante para identificar las áreas susceptibles a ser afectadas por inundaciones, y se analiza considerando factores como la geomorfología, topografía y otros más. Además, resulta de utilidad diferenciar las áreas de inundación en función del nivel de amenaza existente. Usualmente la información de las áreas inundadas y de los niveles de amenaza se representa en forma de mapas. En el país aún no se ha generado un mapa de amenaza por inundaciones ya sea por la falta de datos o metodologías adecuadas.

Planificación Urbana y Zonificación Acertada

Resulta indispensable priorizar la importancia de la prevención en las zonas más vulnerables de los cascos urbanos, que es donde se concentra la mayor cantidad de población. Sólo en la ciudad de San Pedro Sula según un informe de la Comisión de Acción Social Menonita, una ONG local, alrededor de 22,000 familias (aprox. 110,000 personas) viven en los bordos de protección contra inundaciones, representando casi el 10% de la población de la ciudad industrial. Por eso, es inminente adoptar medidas de reducción de vulnerabilidad en los proyectos de desarrollo, favorece aquellos segmentos de población con menos posibilidades de exigir que se tomen este tipo de medidas como una actividad independiente.

Esto se logra delimitando con éxito y garantizando la prohibición total de construcciones habitacionales irregulares en zonas no-edificandi, las cuales son catalogadas como: 

”Áreas reservadas para la seguridad y realización de trabajos de construcción y/o mantenimiento a lo largo de los ríos, lagos, lagunas, tendidos eléctricos, derechos de vías, servidumbres, áreas forestales, zonas especiales y cualquier otra que se designe como tal de acuerdo a la mejor conveniencia de la ciudad”.

Dichas áreas comprenden cauces de las cuencas hidrográficas. De hecho, se exige no edificar en los bordes de las zonas de escurrimiento de aguas pluviales, e incluso que a lo largo de los Ríos, Quebradas, Canales y Correderos, deben adoptarse estas “franjas de seguridad” (Non-Aedificandi), respetando los “cauces, anchos mínimos requeridos a ambos lados del eje central del canal, siguiendo el curso de las aguas”.

Dichas franjas de protección de las secciones desarrolladas están destinadas a controlar el nivel de las aguas, mediante bordos de contención en  el ancho del cauce (sección hidráulica) dejando un  área para la construcción y mantenimiento de las estructuras de protección que se determina en función del área de la cuenca. Durante la elaboración del Plan Maestro de Desarrollo Urbano de la ciudad de San Pedro Sula, los consultores arribaron a un diagnóstico importante. Según la “Densidad y Disparidad Urbana Actual”, señalaron que:

“(Presencia de) Asentamientos humanos en bordos, áreas protegidas, zonas inadecuadas, zonas vulnerables y ecológicamente sensibles”.

Conclusiones y Recomendaciones

Debemos aprovechar las oportunidades positivas que pueden encontrarse a la sombra de la catástrofe para la reconsideración, la innovación y el desarrollo de ideas nuevas. Es necesario  desarrollar un pensamiento renovador en relación con la alta probabilidad de tener que soportar nuevos y feroces embates naturales, y la mejor manera es anticiparnos y prepararnos conforme a los nuevos retos emergentes.

Las obras de mitigación y protección son y seguirán siendo, necesarias para la protección de la nación y sus habitantes. Sin embargo, estas obras deben considerar las lecciones aprendidas de eventos pasados similares, y así lograr implementar las enseñanzas que permitan la asignación de recursos suficientes y necesarios para las mejoras en las obras venideras. Los programas de reforestación masiva, así como de inventario actualizado aforos de cauces y cuencas de ríos. Honduras cuenta con (25) cuencas mayores, delimitadas a partir del documento de Balance Hídrico Nacional, cuya primera versión fue elaborada en el 2002 y actualizada en el año 2013.

Es urgente generar un mapa de amenaza por inundaciones que permita conocer el status de las obras de protección ribereña, canales de alivio, obras de resguardo, y demás. Asimismo, incrementar la inversión, construcción, puesta en marcha, monitoreo, reparación y mantenimiento  de sistemas de alerta temprana automatizada, que permiten un monitoreo actualizado y constante del aumento de caudales de ríos, quebradas, y vertientes.

Igualmente resulta inaplazable la actualización constante de planes de evacuación y emergencia, la planificación exhaustiva de zonas de resguardo temporales para atender a los desplazados, y los planes de reconstrucción que garanticen la ágil asignación de recursos disponibles para tales fines. Honduras requerirá de estas y otras soluciones integrales en los años venideros.   

Se repiten los factores sociales, demográficos y ecológicos que dieron cabida al Huracán Mitch en el Siglo XX, y de no ser remediados, continuarán aumentando la magnitud de futuros desastres en el Siglo XXI; la deforestación sistemática del país, la ocupación irregular de zonas vulnerables, la urbanización desordenada de zonas de recarga e infiltración subterránea entre otras, aceleran el proceso de degradación actual. Son necesarios programas de reforestación masiva, fortalecimiento del Servicio Nacional de Guardabosques, de fortalecimiento a los bomberos forestales, para resguardar estos importantes “escudos verdes” que mitigan los efectos adversos de estos temporales.

Pero sobre todo, es indispensable aumentar el sentido de responsabilidad ciudadana, especialmente en zonas urbanas, para frenar la acumulación de desechos inorgánicos, plástico y basura que diariamente tiran sin menoscabo en calles y avenidas de las ciudades, y atoran las rejillas de los sistemas pluviales. Esto también, es algo que todos los hondureños podemos lograr. La Educación es la clave, y los niños nos están observando.